jueves, 17 de noviembre de 2011

HÉLOÏSE ENCONTRÓ UN AMIGO…

…que se llamaba Faustino

La misteriosa irradiación de la santidad
“¿Por qué los santos tienen imitadores, y por qué los grandes hombres buenos han llevado tras ellos multitudes? Nada piden, pero obtienen. No necesitan exhortar, les basta existir, su existencia misma es un llamamiento.”

¡Qué bien supo expresar esta realidad el filósofo francés Henri Bergson! Era judío, pero en su búsqueda por la verdad, se sintió irremediablemente atraído por el catolicismo. No se bautizó, pues en la Francia ocupada por los nazis quiso compartir las desgracias de sus hermanos de raza. Murió en 1942
Hace poco hemos podido palpar esta realidad. En las Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid, el Papa, un papa que muchos expertos (¿?) consideraban sin carisma, ha conquistado una multitud de jóvenes. En esto ámbito no rigen las leyes que  encumbraron a los Beatles  o las que fascinan a la gente con Shakira o Lady Gaga. El mismo Bergson supo intuir el por qué. Dice que a los santos, -los conocidos y los anónimos que son muchísimos más-…:
“…el amor que los consume no es simplemente el amor de un hombre para con Dios; es el amor de Dios para con los hombres. A través de ellos, es Dios quien ama a toda la humanidad con un amor divino.”

Los jóvenes que gritaban “Be-ne-dic-to” en el fondo estaban gritando “Je-su-cris-to”. Tenían claro que era Él  -Cristo- quien los unía.

Héloïse encuentra a Faustino
Esta ley de la “irradiación de la santidad” formulada por Bergson funciona continuamente en la Iglesia a todos los niveles y sobrepasa el tiempo y el espacio. El 31 de octubre de 2010, en la víspera de Todos los Santos, fallecía Héloïse Charruau, de 25 años, después de una lucha de siete años contra el linfoma de Hodgkin. En una carta de enero de ese mismo año que dejó sin terminar y que me enviaron después de su fallecimiento, me escribía: “Le recuerdo con frecuencia pues mi vida está ligada a Faustino”.
Héloïse, alumna del Colegio Marianista de Burdeos, a los quince años formó parte de un “Equipo Faustino”, donde conoció la vida y la espiritualidad del Beato Chaminade y de Faustino Pérez-Manglano (1946-1963) que desde entonces será su amigo e inspirador. Faustino era un alumno del Colegio marianista de Valencia. Era un chico alegre, simpático, entusiasta de la naturaleza, de los deportes, sobre todo del fútbol, muy amigo de sus amigos… y sobre todo de Jesús y María, sus amigos del cielo. Falleció a los 17 años. Su proceso de beatificación está en marcha en Roma. El Papa Benedicto XVI acaba de firmar el decreto de sus virtudes heroicas y le declara “Venerable”.  Héloïse, a sus 16 años, escribe en un retiro del Equipo Faustino:
“Una de las características de Faustino es darse a los demás por la escucha, por la oración y por el amor para seguir a Cristo en la pobreza (que para él era su enfermedad). Me parece muy importante estar al servicio de los demás, tanto cuando rezo por ellos, como cuando les escucho para comprenderlos y quererlos tal como son”.

Héloïse es alegre, activa, inteligente, deportista… Cuando estaba preparando el examen final de bachillerato cae enferma. ¡La misma enfermedad de Faustino en su grado más grave! Durante siete años va a luchar contra ella. Una medicación fuerte le hace sufrir, pero le da temporadas de mejoría. En París empieza a estudiar Biología, y se entrega a dos actividades apostólicas: catequista en una parroquia parisina y socorrista de la Orden de Malta: “Son una manera de vivir mi fe”. Como Faustino, Cristo y María son una presencia constante en su vida. Peregrina con frecuencia a Lourdes. En agosto 2006 me escribe desde allí:
“No siempre es fácil conservar la esperanza, pero para eso llamo a Faustino. (…) Faustino ha sido mi bastón de peregrino para hacer crecer mi fe. Yo me siento tan cerca de él en sus sufrimientos, pero también cuando rezo…”

Madrina de su primer sobrino le dedica una biografía de Faustino, para que la lea cuando sea mayor:
“Tal vez cuando puedas leer este libro Faustino será un Santo a los ojos de la Iglesia. Hoy, a mis ojos ha acertado la apuesta de la santidad. Todos tendríamos que intentar esta apuesta. Amar cada día un poco más a nuestro prójimo y a Dios”.

“Faustino: nuestro ‘coach’ moderno…”.
A Héloïse la enfermedad le hace pasar malos ratos, pero nunca pierde la alegría ni las ganas de vivir. Agradecida y consciente de que vive gracias a donaciones de sangre, de plaquetas, de médula ósea… se hace apóstol de las ‘donaciones’. Le apasiona la música, sobre todo clásica. Aprende a tocar el piano. Goza leyendo poesía y de pronto descubre a san Juan de la Cruz, dos de cuyos poemas le llegan al alma: “Aunque es de noche”  y “Sin arrimo y con arrimo” que refleja muy bien lo que está viviendo. Hay en esta chica muy de su tiempo una veta mística.
Poco antes de su muerte, al final de una larga conversación con su amiga Alexandra sobre su enfermedad y sobre lo que siente, termina diciéndole: “¿Sabes? Es para mí un honor poder ayudar a Jesús a llevar su cruz”. Como san Pablo, como Faustino había descubierto el valor del sufrimiento.

Escribiendo sobre Héloïse, Alexandra dice: “Las dos nos motivábamos para ser ambas mejores. Tender a la santidad: es lo que en realidad Faustino nos ha hecho comprender que era posible. Las dos formábamos parte del primer grupo Faustino… Faustino ha sido  nuestro ‘coach’ moderno para creer y darnos cuenta  de que la santidad  no es un sueño lejano, sino un camino accesible a todos.”

En unos apuntes, Héloïse tiene esta frase un tanto enigmática: “Todos los Santos: beatificación”. Interpretación mía: aspiración a la santidad común del 1 de noviembre. Pero no he querido que quede anónima: he escrito su biografía, que se va a publicar en francés con el título “Héloïse. Dans le sillage de Faustino, la joie et la croix” ( Sarment - Ed. du Jubilé) y en español « Héloïse ». (Ed. SM). Para que, como Faustino, pueda ser un ‘coach’, una entrenadora, de otros hacia la santidad.

José María Salaverri sm, 14 de noviembre de 2011